El Hoyo en la ciudad

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El Hoyo en la ciudad

El trasatlántico ya estaba en su sitio, a las 16 hrs., según lo acordado por las autoridades marítimas, los pasajeros iban bajando; John y yo entre ellos, vimos al capitán despidiéndolos afectuosamente, llego nuestro turno, con una amplia sonrisa y un fuerte apretón de manos se dirigió a mi marido, le hablo algo en ingles y rieron mucho, luego dirigiéndose a mi me dijo:

“Sra. Carmen ha sido Ud. el alma de las fiestas a bordo, estando Ud. no habrá nunca tristeza”

Muchas Felicidades

Ya en tierra caminamos hacia la salida, y las  maletas? Pregunte, no te preocupes, ya di la dirección de un hotel, me contesto mi esposo. Tomaremos un taxi? No, me dijo, es muy agradable pisar tierra firme, y más si es en tu país.

Mira ya llegamos a la plazueleta de Neptuno, dice John cada vez más contento, caminamos una cuadra mas y llegamos a la calle Salvador Donoso, él me tenía tomada suavemente pero con firmeza de mi brazo; de repente dijo: “mira ahí está” mostrando hacia el suelo, en efecto ahí en la vereda, había un hoyo, es el mismo, pero un poco más grande, que curioso ya van cinco años, dijo mirándome con cariño, sacando la máquina fotográfica para tomarle una foto.

En efecto, recordé como esa tarde ya cerca de las dos, iba muy apurada al banco, a dejar un deposito de mi jefe, sin darme cuenta pise ese hoyo, y estuve a punto de caer, pero  en ese momento siento que alguien me toma por la cintura, lo que impide mi caída, miro y veo a un caballero rubio  con algunas canas tez blanca sonrosada, esta Ud. bien? Pregunto, en un muy mal castellano, permítame que la ayude; quise caminar pero un agudo dolor en mi pie lo impidió.

Este hombre extranjero hizo parar un taxi, diciéndome el nos llevara don Ud. diga. Se hizo el depósito, he insistió que tenía que ver un médico, unas cuadras más hacia Pedro Montt conozco uno dijo el taxista. Me examino el Dr. tenía el pie zafado, fue imposible negarme que me llevara hasta mi casa. Era tan atento y preocupado, me conto que venía a Chile por una diligencia que estaba cumplida y tenía ocho días más para su regreso.

A mama le encanto este hombre tan amable y caballero.

Pasados los ocho días nos casamos y viajamos Inglaterra, y ahora regresamos juntos a Chile.

Caminamos abrazados hasta el Hotel Prat donde nos esperaban nuestras maletas en el piso seis.

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